Wow, ya tan rápido pasó el dos mil nueve y en menos de lo que canta un gallo ya llegamos al 24 de diciembre. Las tiendas y los centros comerciales abarrotados de locos que hacen compras a última hora; los supermercados, de raza que se amontona de último minuto para surtirse de víveres, etc. El cielo está gris, hay un poco de nieve todavía sobre las aceras. Nuevamente paso Navidad muy lejos de mi casa familiar y de mi familia. Algunos pensarán que quizás estoy triste, que pobre de mí, condenado a pasarla en esta fría, congelada y gris nación en esta época tan importante. Pero la verdad es que no. La verdad es que me siento muy feliz. Extraño, sí, la comida mexicana de Navidad, pero ¿qué más da? Ya habrá otros años, otras épocas. Este es el momento que la vida me designó para navegar por el mundo.
Por otra parte, estoy seguro se identificarán mucho con lo que voy a decir a continuación:
La "familia". Ese término monstruoso tan manipulado por la ridícula Iglesia católica, esa palabra mística que muchos han vaciado de significado gracias a convenciones y compromisos tontos. Pero qué tal lidiamos con dicho término cuando llegan las decenas de parientes que lo único que tienen en común es el mapa genético o lazos políticos, y no pueden más que agarrarse a discutir, pelearse, mentarse la madre, recordarse viejos rencores y renovar viejos votos de odio. Y así vemos a hijos contra padres, hermanos contra hermanos, suegros contra cuñados, tío contra tía, primo contra prima, la familia entera contra un individuo. La neta es que, salvo de la infancia, yo apenas y tengo recuerdos cálidos de Navidades junto a mi familia. Será que desde que esa pubertad incómoda nos despierta a esta cosa marrana que es la realidad, nos damos cuenta de que siempre hay....
- Envidias y rencores. Porque siempre hay alguien al que le va mejor que al resto, que se casó con la vieja más buena, que tiene los hijos más simpáticos, el que fue aceptado a estudiar en tal o cual universidad, el que se salió del rancho y regresó con casa, trabajo e hijos; la muy bien casada que tiene un marido rico y prestigioso, etc. Y también porque junto a estos siempre están los que son alcohólicos o divorciados, corridos de la casa de la esposa en plena Navidad, los que vienen a la casa familiar a culpar al mundo de su fracaso sentimental, económico, laboral, que le exigen a la hermana rica un préstamo como si fuera su obligación, los que vienen 8 siglos después a reclamarle a la abuela lo "mala madre" que fue, la que no perdona que la otra tenga hijos adoptados, etc.
Hace no muchas Navidades llegué a casa de una de mis tías paternas con una camisa nueva, muy bonita, que me gusta mucho; uno de esos tíos incómodos que uno no ha visto en siglos (y del cual solo escuchas historias macabras), me dice (antes siquiera de saludarme), "qué bonita camisa, ¿es nueva?, ¿ya estás trabajando, verdad?". Su tono de voz, debo decir, era todo menos amistoso. Ya se imaginarán como me sentí.
- Lazos obligados. Lo chungo es tener cruzado entre los ojos esa obligación de ver a una familia que ni siquiera conoces (refiriéndome aquí a los lazos extendidos). Hace no mucho me encontré a un tío de mi papá en una reunión familiar, en México; una de sus hijas le dice "es A., el hijo de C.". Mi "tío" hizo un gesto que estaba entre un "ah!" indiferente y un "bah" agresivo. Claro, de aquí es donde se agarran mis padres para decir "es obligación tuya visitarlos y que te conozcan". Ah chinga, chinga, ¿por qué? Qué hueva. ¿Para qué forzar relaciones que NO EXISTEN? Es como con los amigos: o hay química o no. No se forza nada.
- Chismes. Uy, nunca falta que cuando llega X pariente, unos se van a otro cuarto a murmurar sabrá Dios qué y luego bajan con cara de cagados o con sonrisas hipócritas. Los comentarios a espaldas de los que han elegido vivir de manera diferente, las tías que jamás perdonaron que el tío se casara con "esa gata" y cada Navidad la siguen destrozando y destrozando con comentarios y cagada y media. Pobre de esa tía calificada de "gata", que su única falla es no ser lo que la abuela soñaba para el tío. Joder. Qué chinga.
CONCLUSIÓN(ES)
1. ¿Tengo yo una familia demasiado venenosa?
2. ¿Por qué si la gente no se soporta entre sí, se obliga a sí misma a verse una vez al año?, ¿acaso no es sadomasoquismo?
3. ¿Por qué no sabemos escuchar? Como dice la Tesorito, "ay hijo, déjate tocar el corazón por el Niñito Dios, papito". Así que en vez de ponerse a rezar el Rosario o ir a la Misa de Gallo, mejor deberían sentarse a arreglar sus diferencias, a firmar un tratado de paz o de plano decirse "chinga tu madre, no vuelvas a mi casa jamás" y ya. Lo que sea.
4. Estoy contento de estar lejos de la zona de guerra.
Y FINALMENTE....
Querida familia,
Tengo más recuerdos felices con ustedes de aquellas veces en que espontáneamente nos hablamos para tomar una chela, o que nos encontramos casualmente y platicamos largas horas, que se nos ocurre organizar una carne asada, que nos vamos a un rincón a chismear y platicar hasta el fin de la noche, o de cuando llego a sus casas a media tarde, a sentarme en su comedor a tomar café y platicar de la vida. Ojalá siempre fuera así, y nunca esas horrendas navidades grises llenas de chismes, rencores, y peleas absurdas provocadas por defectos humanos tan antiguos como la especie misma. Y no me lavo las manos de dichos defectos.
Primos, tíos, hermanos, padres, cuñados, sobrinos, abuelos, en todos los grados posibles: los quiero mucho, donde quiera que estén.
FELIZ NAVIDAD.
h. B.
Berlín, 24.12.09