La Tesorito cruzó el río en este chalán y me dijo "ay papito, para sentirme un ratito en el Titanicsss"Miren, bola de cabrones, ahora que ha pasado mi cumpleaños siento una vibra muy rara pasándome por la cabeza y por la panza, será obra del fin del invierno, las mayor cantidad de horas de luz que hay en éste país o qué se yo, pero he tenido pensamientos raros (o sea, felices), últimamente e ideas locas, disparatadas, medio marranas, deseos más sucios de lo normal, bueno, no entro en detalles.
1. El trauma del acento: creo que domino el idioma alemán y, muy importante, no me da miedo hablarlo. Claro, no soy perfecto en el idioma al 100%, porque eso es imposible, a veces hablo "demasiado correcto" (como decir "es ist mir kalt" en vez del más coloquial y usual "mir ist kalt" -tengo frío), a veces no sé cómo decir -o se me olvida cómo decir- pendejadas como "súbete los pantalones que se te ve la raya del culo". Neta puedo contar con los dedos de una sola mano a un extranjero que maneje casi a la perfección una lengua que no es propia. (Céline, mi amiga francesa, que habla el mexicano súper; Grégoire, aquel belga que parecía Santa Clos con un español tan ibérico que yo juraba que era español; mi tutora de doctorado, que habla muy española también y diminutas fallas). Pero aún ellos no se pueden deshacer de algo que a mí me trauma y a veces me acompleja: EL ACENTO. Yo no puedo deshacerme del mío; sí, puedo imitar el acento y la entonación alemana un ratito: 5, 10 minutos... luego se me olvida. Me traiciona la R, me traicionan las vocales cortas y largas. El cerebro se cansa, vuelve a la pronunciación propia. En este país a veces es un pecado ser extranjero, así que trato de esconder mi acento lo más que puedo: muchas veces lo logro, pero muchas otras, no, y me siento estúpido, analfabeto. Tengo una amiga alemana acá que me corrije el acento cada que puede, y voy haciendo avances. La R, la rrrr chingada: ¿sabían que los alemanes la pronunciaban así fuerte como nosotros hasta que llegaron los franceses a impregnarlos con su propia pronunciación? Maldito sea el día en que la cultura francesa penetró más allá del Rhin.
2. Dudo de la existencia de los bilingües perfectos. Acá he conocido a hijos de alemán-español o alemán-mexicano que han crecido en este país hablando las dos lenguas; su español es bueno, pero llega un punto en que la comunicación se pierde: no comprenden las expresiones coloquiales, el subjuntivo les patina, algunas cosas las pronuncian mal, en otras, suenan muy anacrónicos. ¿Dónde habrá bilingües realmente perfectos?, ¿quizás en alguna zona fronteriza donde el hablante pueda actualizar las dos lenguas que maneja en el cotidiano vivir? Digamos, ¿quizás en Brownsville, en McAllen? Pienso en los ejemplos y creo que tampoco.
3. Aprender idiomas es súper importante. Pero no solo aprenderlos, sino también disfrutarlos, no en el sentido pose de muchas escuelas bilingües de mi puta ex-ciudad Monterrey, de que "tipo de que yo soy del SanPa wehh". Los locales que me lean entenderán de qué hablo. Disfrutarlos como para ver una película en su idioma original, escuchar una canción, leer un periódico o un buen libro, aunque sea con ayuda de un diccionario. Disfrutar escuchar las conversaciones que se llevan a cabo alrededor, a los niños que salen de la escuela y esas cosas. Eso es muy lindo.
4. ¿Por qué si puedes pronunciar e imitar una entonación determinada llega un punto en que no lo haces o no lo quieres hacer, sin darte cuenta? Por una parte, el cansancio. Por otra parte, hablar una lengua extranjera que no te ha sido inducida genéticamente por las voces paternas es una especie de mímica. Sergio, mi amigo italiano que estudia medicina, es de Génova, vive en Bonn desde los 18 años. Vive solo entre alemanes. Su acento italiano ahí está, enraizadísimo. ¿Por qué?, ¿por qué yo tampoco puedo deshacerme de mi acento? Creo que es una forma inconsciente de demarcar la propia identidad, de recordarte a tí mismo y a los otros que de alguna forma tú tienes un dasein cultural que te hace especial.
5. Escuchar música nueva sale muy caro. Una manera barata es comprar la revista mensual Spex o el MusikExpress que vienen acompañadas de un CD con las novedades ;) En conjunto gastas 8 euros, en vez de los 20 que cuesta un CD nuevo.
6. No puedo dejar de beber cerveza. Todo evento, reunión social, cena, la incluye. No hay botes grandes de coca light (!!!!!) ni limonadas para ofrecer. Nadie toma otra cosa. Estoy condenado a tener que correr el triple para quemar todos los carbohidratos del alcohol. Y lo haré si es preciso.
7. Es interesante que los alemanes nunca te abordan en la calle, no te miran a los ojos. Sin embargo, en privado son las personas más amables y lindas del mundo. Claro, la gente del Rhin, (los Rheinländer) tienen un carácter peculiar que a veces me saca de quicio, sobre todo cuando se desesperan y empiezan a gritonear y se enojan. Un ejemplo: en diciembre andaba mirando bicicletas en una tienda que está cerca de mi casa; el dueño de la tienda estaba -qué raro- de mal humor. Cosa que le preguntaba, antes de responder soplaba un PFFFFFFF y luego ya decía lo qeu tenía que decir. Nunca dejó de fruncir la ceja. Cuando se dio cuenta de que no iba a comprar nada en ese momento, se fue al fondo de la tienda sin decir más, ni despedirse ni nada. Ya me acostumbré a esas cosas; tanto, que a veces yo soy igual. Otro episodio: el otro día andaba haciendo ejercicio en mi bicicleta, uno de esos escasos días de Sol, y una pareja estaba caminando sobre la zona que es para ciclistas, les traté de sacar la vuelta pero venía otro ciclista hacia mí, de manera que casi atropello a la pareja. Frené, derrapé, voltearon y nos miramos a los ojos muuuuy brevemente. Solo dije "Vorsicht!" (cuidado). Y ellos no dijeron nada, se quitaorn del camino y seguí. En México hubiera habido insultos o muchas muchas disculpas.
8. No quiero leer ni saber nada más sobre la crisis económica. Estoy hasta la madre del tema. Me caga. Me aburre. Ya quebró medio mundo, en Europa amenazan con quebrar estados entereeeeros por culpa del euro (como Irlanda). Cuando escucho la radio cuando estoy cocinando (no tengo tv porque paga impuestos), escucho en la WDR sobre el desastre de la industria automotriz alemana. No quiero escuchar una palabra más. Neta no me importa ya. ¿Por qué habría si no puedo hacer nada? Me comporto como una avestruz. Igual me pasa con la violencia en México.
9. Otro día que andaba en bicicleta, descubrí un mini-pueblo que se llama Niederdollendorf. Tenía unas calles como de cuento medieval, y una panadería con una figura de un prezel gigante en metal colgando de la puerta. Está en las faldas de unas montañas que se llaman Siebengebirge. Era tan bonito que me dieron ganas de quedarme a vivir ahí.


10. A veces me caen muy mal los turcos. Ahora comprendo porque no se les quiere: irascibles, sucios, inadaptados, broncudos, machistas a muerte. Obvio es una generalización: porque los hay adorabilísimos. Pero en mi barrio, el dueño del kiosko de la esquina es una cosa asquerosa de tipo. Hoy me dieron ganas de quebrarle los vidrios de su horrendo negocio.
1. El trauma del acento: creo que domino el idioma alemán y, muy importante, no me da miedo hablarlo. Claro, no soy perfecto en el idioma al 100%, porque eso es imposible, a veces hablo "demasiado correcto" (como decir "es ist mir kalt" en vez del más coloquial y usual "mir ist kalt" -tengo frío), a veces no sé cómo decir -o se me olvida cómo decir- pendejadas como "súbete los pantalones que se te ve la raya del culo". Neta puedo contar con los dedos de una sola mano a un extranjero que maneje casi a la perfección una lengua que no es propia. (Céline, mi amiga francesa, que habla el mexicano súper; Grégoire, aquel belga que parecía Santa Clos con un español tan ibérico que yo juraba que era español; mi tutora de doctorado, que habla muy española también y diminutas fallas). Pero aún ellos no se pueden deshacer de algo que a mí me trauma y a veces me acompleja: EL ACENTO. Yo no puedo deshacerme del mío; sí, puedo imitar el acento y la entonación alemana un ratito: 5, 10 minutos... luego se me olvida. Me traiciona la R, me traicionan las vocales cortas y largas. El cerebro se cansa, vuelve a la pronunciación propia. En este país a veces es un pecado ser extranjero, así que trato de esconder mi acento lo más que puedo: muchas veces lo logro, pero muchas otras, no, y me siento estúpido, analfabeto. Tengo una amiga alemana acá que me corrije el acento cada que puede, y voy haciendo avances. La R, la rrrr chingada: ¿sabían que los alemanes la pronunciaban así fuerte como nosotros hasta que llegaron los franceses a impregnarlos con su propia pronunciación? Maldito sea el día en que la cultura francesa penetró más allá del Rhin.
2. Dudo de la existencia de los bilingües perfectos. Acá he conocido a hijos de alemán-español o alemán-mexicano que han crecido en este país hablando las dos lenguas; su español es bueno, pero llega un punto en que la comunicación se pierde: no comprenden las expresiones coloquiales, el subjuntivo les patina, algunas cosas las pronuncian mal, en otras, suenan muy anacrónicos. ¿Dónde habrá bilingües realmente perfectos?, ¿quizás en alguna zona fronteriza donde el hablante pueda actualizar las dos lenguas que maneja en el cotidiano vivir? Digamos, ¿quizás en Brownsville, en McAllen? Pienso en los ejemplos y creo que tampoco.
3. Aprender idiomas es súper importante. Pero no solo aprenderlos, sino también disfrutarlos, no en el sentido pose de muchas escuelas bilingües de mi puta ex-ciudad Monterrey, de que "tipo de que yo soy del SanPa wehh". Los locales que me lean entenderán de qué hablo. Disfrutarlos como para ver una película en su idioma original, escuchar una canción, leer un periódico o un buen libro, aunque sea con ayuda de un diccionario. Disfrutar escuchar las conversaciones que se llevan a cabo alrededor, a los niños que salen de la escuela y esas cosas. Eso es muy lindo.
4. ¿Por qué si puedes pronunciar e imitar una entonación determinada llega un punto en que no lo haces o no lo quieres hacer, sin darte cuenta? Por una parte, el cansancio. Por otra parte, hablar una lengua extranjera que no te ha sido inducida genéticamente por las voces paternas es una especie de mímica. Sergio, mi amigo italiano que estudia medicina, es de Génova, vive en Bonn desde los 18 años. Vive solo entre alemanes. Su acento italiano ahí está, enraizadísimo. ¿Por qué?, ¿por qué yo tampoco puedo deshacerme de mi acento? Creo que es una forma inconsciente de demarcar la propia identidad, de recordarte a tí mismo y a los otros que de alguna forma tú tienes un dasein cultural que te hace especial.
5. Escuchar música nueva sale muy caro. Una manera barata es comprar la revista mensual Spex o el MusikExpress que vienen acompañadas de un CD con las novedades ;) En conjunto gastas 8 euros, en vez de los 20 que cuesta un CD nuevo.
6. No puedo dejar de beber cerveza. Todo evento, reunión social, cena, la incluye. No hay botes grandes de coca light (!!!!!) ni limonadas para ofrecer. Nadie toma otra cosa. Estoy condenado a tener que correr el triple para quemar todos los carbohidratos del alcohol. Y lo haré si es preciso.
7. Es interesante que los alemanes nunca te abordan en la calle, no te miran a los ojos. Sin embargo, en privado son las personas más amables y lindas del mundo. Claro, la gente del Rhin, (los Rheinländer) tienen un carácter peculiar que a veces me saca de quicio, sobre todo cuando se desesperan y empiezan a gritonear y se enojan. Un ejemplo: en diciembre andaba mirando bicicletas en una tienda que está cerca de mi casa; el dueño de la tienda estaba -qué raro- de mal humor. Cosa que le preguntaba, antes de responder soplaba un PFFFFFFF y luego ya decía lo qeu tenía que decir. Nunca dejó de fruncir la ceja. Cuando se dio cuenta de que no iba a comprar nada en ese momento, se fue al fondo de la tienda sin decir más, ni despedirse ni nada. Ya me acostumbré a esas cosas; tanto, que a veces yo soy igual. Otro episodio: el otro día andaba haciendo ejercicio en mi bicicleta, uno de esos escasos días de Sol, y una pareja estaba caminando sobre la zona que es para ciclistas, les traté de sacar la vuelta pero venía otro ciclista hacia mí, de manera que casi atropello a la pareja. Frené, derrapé, voltearon y nos miramos a los ojos muuuuy brevemente. Solo dije "Vorsicht!" (cuidado). Y ellos no dijeron nada, se quitaorn del camino y seguí. En México hubiera habido insultos o muchas muchas disculpas.
8. No quiero leer ni saber nada más sobre la crisis económica. Estoy hasta la madre del tema. Me caga. Me aburre. Ya quebró medio mundo, en Europa amenazan con quebrar estados entereeeeros por culpa del euro (como Irlanda). Cuando escucho la radio cuando estoy cocinando (no tengo tv porque paga impuestos), escucho en la WDR sobre el desastre de la industria automotriz alemana. No quiero escuchar una palabra más. Neta no me importa ya. ¿Por qué habría si no puedo hacer nada? Me comporto como una avestruz. Igual me pasa con la violencia en México.
9. Otro día que andaba en bicicleta, descubrí un mini-pueblo que se llama Niederdollendorf. Tenía unas calles como de cuento medieval, y una panadería con una figura de un prezel gigante en metal colgando de la puerta. Está en las faldas de unas montañas que se llaman Siebengebirge. Era tan bonito que me dieron ganas de quedarme a vivir ahí.


10. A veces me caen muy mal los turcos. Ahora comprendo porque no se les quiere: irascibles, sucios, inadaptados, broncudos, machistas a muerte. Obvio es una generalización: porque los hay adorabilísimos. Pero en mi barrio, el dueño del kiosko de la esquina es una cosa asquerosa de tipo. Hoy me dieron ganas de quebrarle los vidrios de su horrendo negocio.

8 insultos:
Herr volviste.. jajaja... que bien ya se te extrañaba.
creo que fue la estimulación de las hormonas por la primavera y el sol.
ay papito, gracias ^^
Boigen! El otro día (bueno hace como 3 meses) me enteré de que eres comadre de la Rebecca. Nunca los había juntado en mi cerebro pero era obvio! El destino tenía que juntarlos. Ah, y no me contaste a mí como bilingüe perfecta, aunque a) es una combinación de idiomas muy aburrida y no cuenta y b) mi español e inglés son defectuosos, mi espanglish peor, le falta cadencia, hip y actualización. Y cómo es bailar en Alemania? Acá son unas tablas y bien serios; es como atestiguar esos patéticos bailes de secundaria. Fui a Berlín en Noviembre, chale, no te vi. Besos.
jennivora!!! jajaja bueno, sí, se me olvidó contarte como bilingüe perfecta, lo del spanglish se mejora con sesiones lingüísticas con Criseida, no te preocupes, y,cómo bailan acá? pues, igual que en UK, FATAL... pero cómo esperabas que bailaran si seis meses del año hace un frío de la burguer?? ajajja Lo único que le falta al patético baile de secundaria es Freddy Krueger o Jason!!!!! pues, si vuelves a venir, avisa con tiempo, no? :)
cuídese!! besos
H. B.
Que lindas fotos hijo! Como para hacer una version medieval de Germany chainsaw massacre!
BTW, adoro tus nuevas mamadas.
lucecita: Germany's Chansaw MASSACRE jajajajajajaja
me has dado una buena idea ^^
Me gustó mucho lo que escribiste. Pienso muy igual, es más, también tuve estas experiencias. Así como describes veo que he aprendido de la misma manera, solamente que opino que yo no tengo tantas problemas con la maldita "r", jaja!
chela?jeje!
tienes suerte, Doña Zanahoria, pero es que tú tienes una habilidad nata para la actuación que muchos quisieran!!
chela, of course, as soon as i come back from paris :) (that is, next week!)
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