martes, mayo 05, 2009

Me encantan los dialectos

Llega el tiempo en que todo hablante extranjero comienza a identificar los acentos del país donde vive. Así me pasa a mí con Alemania. Ahora me divierto haciendo diferencias dialectales entre los distintos barrios de Bonn. Me metí por fin a un gimnasio, que está en el vecino distrito de Kessenich al que hasta ahora sólo cruzaba para ir a la casa de brujas donde vive Doña Tetas y para ir a un barecillo por ahí. Sobra decir que Kessenich es un muy antiguo enclave romano a solo 5 minutos en bicicleta (afortunadamente esto no es USA donde el coche es el rey ni hay marranos republicanos que comen mcdonalds y escriben papers sobre la mirada poscolonial en Francisco Gabilondo Soler).

Me he comenzado a dar cuenta de que Kessenich es la cosa más bonnense que pueda haber, porque tiene algo que hoy en día es difícil de encontrar: una población local con unas profundas raíces en la zona. En épocas de globalización y migraciones, es relativamente raro toparte un sitio donde la gente haya vivido por generaciones. Esa es la historia de Kessenich, que durante siglos fue un pueblo "apartado" del centro histórico de Bonn y ahora está integrado a la ciudad por la parte sur. Mi barrio, la Südstadt, colinda con Kessenich, pero no tiene tanta historia: las casas tendrán aquí cuando mucho 100 años, y su población está conformado por académicos principalmente--como yo-- y pequeños burgueses que no hablan más que hochdeutsch (alemán alto o estándar). Pero en Kessenich resulta que mucha gente se expresa en la variante del dialecto rheinisch conocida como "bonnsch".

No se les entiende ni madres, pero me encanta ver cómo esta gente , a través de la lengua, expresa un profundo sentido de comunidad que también puede verse en cómo organizan, en febrero, su propio carnaval y en cómo parecen tener entre sí unos lazos de familia y de comunidad tan viejos que, en una ocasión, uno de ellos me dijo: "Yo, soy primero de Kessenich, luego de Bonn, y por último del Rheinland".... Yo le pregunté: "¿Y Alemania?"..... a lo que contestó: "Deutschland existiert nicht....". Creo que no necesito traducir.

Cuando estoy en mi gimnasio de Kessenich, y me doy cuenta de que al mirar por la ventana tengo un bosque precioso a la mano, que puedo disfrutar sin necesidad de vivir en un barrio in (como SP en MTY), pienso en lo bonita que es la vida.

2 insultos:

senses or nonsenses dijo...

estás integradísimo... te veo teutón, teutón. Bonn es tuyo. estás encantado...
y claro que me acuerdo de ti, incluso te echo de menos...
espero que todo te esté yendo fenomenal en tu aventura alemana.

un abrazo.

norvek dijo...

El localismo es un arma de dos filos: Es maravilloso cuando te da un sentido de pertenencia y de estar integrado a algo. Por el otro a veces sirve de fundamento un poco ridículo y un poco con razón de rechazo y miedo (?) hacia los outsiders. Pero así es el ser humano :)

Y pues obvio los dialectos están presentes en todos lados, y como implicas en el post, sirven para exteriorizar y dar matices a los nativos de cualquier lugar. Concurro también en que son maravillosos