Dejé Berlín a las 17:00 hrs. con una luna hermosa e inmensa manchando un cielo de -3 centígrados. Salí de la estación de Spandau (un rincón lindo e ignorado por casi por cualquier viajero que llega a Berlín) rumbo a Bonn en el coche de un desconocido llamado M. En estos viajes donde uno se ofrece de copiloto, conocidos como Mitfahrgelehenheit, se comparten los costos del trayecto con el chofer y casi siempre se conocen a personas interesantes. En esta ocasión, era el único viajero que venía con M. desde Berlín a Bonn. Platicamos muy chido, sobre los lugares más ricos para cenar en la capital, los migrantes rusos y el mote de Charlottengrad que su presencia le ha dado a Charlottenburg, los encantos de Köpenick, el slum urbano que es Neukölln, Dostoievski, los libros que se leen bajo los efectos de la fiebre, el veintiúnico rincón de tacos en la Danziger Str., etc, etc.
Pero en esta ocasión, lo más interesante de viajar de la capital a la antigua sede del gobierno (Regierungsitz, porque los berlineses no se atreven a llamarle a Bonn Hauptstadt, capital, o al menos ehemalige Haupstadt, antigua capital) fue un nuevo pasajero que se unió al viaje inesperadamente: nos detuvimos a cargar gasolina en algún punto cerca de Bielefeld, donde me compré un capuchino que estaba exageradamente endulzado y casi me hace vomitar. Un sujeto rogaba por raid hasta Colonia, y M. compadecido me preguntaba si me molestaría añadir otro al viaje. Terminó por subirse al coche un tal Steve cuyo acento no me decidía a decir si era de Australia o de Inglaterra. Y sí, resultó ser de Newcastle. Llevaba 5 semanas viajando por Europa, sin mucho presupuesto, quedándose en los sofás de gente que había contactado por internet gracias a coachsurfing.com. Dijo que le restaba todavía al menos un par de semanas de viaje en las que debía sobrevivir con 100 euros. Hablaba sobre llegar hasta Ámsterdam y buscar una conexión marítima hasta Newcastle, o bien, bajar hasta Calais en Francia y encontrar a alguien que lo subiera a su coche para cruzar en ferry hasta Londres. Comentó sobre haber comido únicamente currywurst en Berlín, y sobre heladas interminables en Austria y en Budapest, sobre gente con la que se entendía solamente a señas en Polonia.
El sujeto traía mucha energía, no paraba de hablar, mostraba orgulloso su guía Lonely Planet, pronunciaba la V casi como F, decía "mon" en vez de "man", usaba para todo el adverbio "quite". Traía una guitarra consigo, y dijo que tenía una banda. En Newcastle hizo estudios de música en la Universidad, pero los dejó y se dedicaba a tres cosas a la vez: a chambear en un call-center solo para ganar dinero, en un bar para divertirse y a tocar en una banda, la gran pasión de su vida, para la cual ahorraba todo el dinero que podía y así montar un estudio casero. y comprar instrumentos Proyectaba hacer un tour por Europa con su banda, habló sobre los otros miembros del grupo como su familia. No tengo ni idea de su edad, pero debía rondar entre los 24 y los 26 años.
Con sus anécdotas me quedé sorprendido de la generosidad de la gente, y sobre todo de la soltura que una persona adquiere una vez que se ha atrevido a romper con todo lo conocido y lanzarse, literalmente, a la aventura total. Reforzó esta idea cuando me dijo que había ahorrado 600 euros para el total del viaje y que por un error su anterior houselord le había cobrado un mes más de renta, mandando a la chingada parte de sus recursos.
Me mostró sus fotos, y luego le estuve explicando de las delicias culinarias alemanas (le insistí en que si tenía la oportunidad debía comerse un Weckmann). En fin, a pesar de que yo me moría del dolor de cabeza provocado por ese asqueroso capuchino, el sujeto nos contagió a M. y a mí de su emoción.
Finalmente lo dejamos en una estación de gasolina en los suburbios de Colonia, donde era más probable que encontrara raid hasta su destino final, en la frontera con Holanda.
Qué chingón, pensé, que haya gente que se arroje por la vida a hacer lo que le gusta sin aparentemente preocuparse demasiado por cosas como el prestigio social, ganar dinero a manos llenas, etc. Si algo he admirado siempre de los músicos, es ese arrojo que tienen, esa casi cero capacidad para la timidez.
Llegué a Bonn, por fin, y encontré una ciudad en silencio, cubierta por nubes y agobiada por una cabronsísima ventisca de película de terror, pero con muy cómodos 12 grados arriba de cero.
El tal Steve de Newcastle me hizo sentir muy contento, muy feliz. No, no me voy a largar mañana de viaje de raid, pero creo que al menos me hizo recordar lo chido que es hacer lo que te gusta.
Espero que llegue bien a casa.
Pero en esta ocasión, lo más interesante de viajar de la capital a la antigua sede del gobierno (Regierungsitz, porque los berlineses no se atreven a llamarle a Bonn Hauptstadt, capital, o al menos ehemalige Haupstadt, antigua capital) fue un nuevo pasajero que se unió al viaje inesperadamente: nos detuvimos a cargar gasolina en algún punto cerca de Bielefeld, donde me compré un capuchino que estaba exageradamente endulzado y casi me hace vomitar. Un sujeto rogaba por raid hasta Colonia, y M. compadecido me preguntaba si me molestaría añadir otro al viaje. Terminó por subirse al coche un tal Steve cuyo acento no me decidía a decir si era de Australia o de Inglaterra. Y sí, resultó ser de Newcastle. Llevaba 5 semanas viajando por Europa, sin mucho presupuesto, quedándose en los sofás de gente que había contactado por internet gracias a coachsurfing.com. Dijo que le restaba todavía al menos un par de semanas de viaje en las que debía sobrevivir con 100 euros. Hablaba sobre llegar hasta Ámsterdam y buscar una conexión marítima hasta Newcastle, o bien, bajar hasta Calais en Francia y encontrar a alguien que lo subiera a su coche para cruzar en ferry hasta Londres. Comentó sobre haber comido únicamente currywurst en Berlín, y sobre heladas interminables en Austria y en Budapest, sobre gente con la que se entendía solamente a señas en Polonia.
El sujeto traía mucha energía, no paraba de hablar, mostraba orgulloso su guía Lonely Planet, pronunciaba la V casi como F, decía "mon" en vez de "man", usaba para todo el adverbio "quite". Traía una guitarra consigo, y dijo que tenía una banda. En Newcastle hizo estudios de música en la Universidad, pero los dejó y se dedicaba a tres cosas a la vez: a chambear en un call-center solo para ganar dinero, en un bar para divertirse y a tocar en una banda, la gran pasión de su vida, para la cual ahorraba todo el dinero que podía y así montar un estudio casero. y comprar instrumentos Proyectaba hacer un tour por Europa con su banda, habló sobre los otros miembros del grupo como su familia. No tengo ni idea de su edad, pero debía rondar entre los 24 y los 26 años.
Con sus anécdotas me quedé sorprendido de la generosidad de la gente, y sobre todo de la soltura que una persona adquiere una vez que se ha atrevido a romper con todo lo conocido y lanzarse, literalmente, a la aventura total. Reforzó esta idea cuando me dijo que había ahorrado 600 euros para el total del viaje y que por un error su anterior houselord le había cobrado un mes más de renta, mandando a la chingada parte de sus recursos.
Me mostró sus fotos, y luego le estuve explicando de las delicias culinarias alemanas (le insistí en que si tenía la oportunidad debía comerse un Weckmann). En fin, a pesar de que yo me moría del dolor de cabeza provocado por ese asqueroso capuchino, el sujeto nos contagió a M. y a mí de su emoción.
Finalmente lo dejamos en una estación de gasolina en los suburbios de Colonia, donde era más probable que encontrara raid hasta su destino final, en la frontera con Holanda.
Qué chingón, pensé, que haya gente que se arroje por la vida a hacer lo que le gusta sin aparentemente preocuparse demasiado por cosas como el prestigio social, ganar dinero a manos llenas, etc. Si algo he admirado siempre de los músicos, es ese arrojo que tienen, esa casi cero capacidad para la timidez.
Llegué a Bonn, por fin, y encontré una ciudad en silencio, cubierta por nubes y agobiada por una cabronsísima ventisca de película de terror, pero con muy cómodos 12 grados arriba de cero.
El tal Steve de Newcastle me hizo sentir muy contento, muy feliz. No, no me voy a largar mañana de viaje de raid, pero creo que al menos me hizo recordar lo chido que es hacer lo que te gusta.
Espero que llegue bien a casa.

6 insultos:
Oh... me hiciste sentir nostálgica de las cosas q no me he atrevido a hacer. Gracias por recordarme q no debo renunciar nunca a mis sueños.
Sueños vs Ingresos.
Quien da mas, es el problema eterno de los deseos a la realidad.
No dejemos de soñar y HACER!!!
Me #""$&$/& Tesoro no puedo leer tus tesoreadas a la hora que se me hinche la gana, hay firewalls en my work. Mientras tanto sigue escribiendo para viajarme en tus letras al otro lado del mundo!!!
Prosti: claro que sí, gracias por visitarme :)
Sí, a veces se envidia esa libertad; no tener miedo a la aventura y no planear.
afrodita, totalmente de acuerdo! :)
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